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«Good Girls Revolt», revolución a medio gas

He visto esta serie por segunda vez para poder escribir al detalle todo lo que quise escribir la primera vez que la vi. Aunque ya es vieja y sólo tiene una temporada porque su emisión fue cancelada, su mención sigue siendo recurrente en ámbitos feministas y se recomienda de tanto en cuando. Por eso, quiero detallar todo lo que he visto en ella que me hace cuestionarme el carácter «feminista» de esta ficción. Os aviso de que está crítica va a contener spoilers.


La historia está basada en unos sucesos reales que acontecieron en 1970 en EE.UU. en los que un grupo de mujeres se unieron para denunciar a la revista en la que trabajaban como researchers por su práctica discriminatoria de aceptar sólo a hombres como reporteros. Aunque las tres protagonistas Patti, Cindy y Jane son personajes totalmente ficticios que no existieron realmente.


Lo primero que me descoloca, siendo una serie creada por una mujer (Dana Calvo), es la mirada tan masculina que envuelve a los planos, en los que se enfocan partes del cuerpo de las mujeres y se las muestra desvistiéndose lentamente, sexualizándolas. Las escenas de «sexo» (coito) son recurrentes, así como los desnudos de las actrices imágenes que por cierto han sido recopiladas por páginas pornográficas. Incluso se muestran orgías, en una escena que es pura fantasía pornográfica masculina, con una mujer desnuda que se levanta para invitar a entrar al hombre que mira desde la puerta. Todo esto con la intención de exaltar esa supuesta Revolución sexual de la década de los 60, la cual fue calificada por las feministas radicales como una reacción violenta ante el feminismo (1).


Curiosamente, en estas escenas abunda la práctica del cunilingus, siendo al parecer mucho más común en las relaciones heterosexuales de los 60 que en las de los 90 o incluso los 2000. ¿Es esto real?




«Los hombres no son el enemigo»


Algo en lo que suelen caer la mayoría de ficciones incluso las proclamadas «feministas» es en tener un nivel de heterosexualidad alto, cosa que aquí podríamos calificar de excesivo. Empezando porque todos los hombres que aparecen son violentos de una manera u otra y unos imbéciles pero, aún así, la serie se encarga de minimizar sus acciones y hacerles un lavado de cara. A todos excepto al marido de Cindy que encarna el papel del maltratador, este es el hombre al que abiertamente exponen como el clásico misógino que no quiere que su mujer trabaje. 


Mientras, el jefe de la revista no sólo antepone el trabajo a su propia esposa continuamente sino que además la trata como a un trapo, no tiene en cuenta ni su opinión ni lo que siente, pero parece que con cantarle una canción romántica en mitad de la calle ya es suficiente para una reconciliación con escena de coito incluida. Además, él trata bien a las niñas, así que en el fondo tiene que ser un buen tipo. Para rematar, éste va a ir poco a poco encaprichándose de Patti su subordinada y mucho más joven que él, lo que dará lugar a un tonteo entre ambos hasta que terminan por enrollarse, a pesar de estar casado y con hijas y teniendo Patti una relación con otro compañero de la revista.


Pese a ello, todas las mujeres siempre tienen una sonrisa para ellos. Incluso la secundaria, Nora, que el primer día se despidió de su trabajo porque no la dejaban escribir siendo mujer, le acaba cocinando unas tortitas a un tipo en una fiesta sólo porque se las pidió. Pero lo terrible de verdad es que llegan hasta el punto de encubrir una agresión sexual en una escena en la que Cindy habla con uno de sus compañeros sobre cómo se siente poco atractiva y éste decide cerrar la puerta con pestillo y bajarle las bragas para darle un beso en la vulva, a lo que ella se queda petrificada. Y no se considera una agresión sino el inicio de una aventura porque a ella en realidad sí le ha gustado.



«La rebeldía de las chicas»


Personalmente, no conseguí conectar ni con la historia ni con sus protagonistas, las mujeres secundarias me parecieron mucho más interesantes. No sólo es que todas las principales sean demasiado fieles a los hombres y les perdonan fácilmente cualquier cosa, es que llegan a hacerlas parecer incluso tontas. Esto puede verse reflejado en una escena entre las tres protagonistas en la que Jane les hace ver a las otras dos que no han investigado absolutamente nada acerca de la abogada que va a llevarles su caso, algo extraño teniendo en cuenta que ellas son periodistas.



Patti, pese a ser la más contestataria, su concepto de liberación se enfoca en el sexo con hombres y las drogas. En una ocasión confiesa alegremente que estando en la universidad se acostó con un amigo de su padre, pero hablamos de una serie que no problematiza una relación entre una joven de 25 años y su jefe de 40 en aquel momento la actriz que interpretaba a Patti tenía 28 años mientras que el actor que hacía del jefe tenía 40. El liberalismo sexual atacando de nuevo.


En cuanto a Cindy, se trata de una mujer tímida que se siente halagada cada vez que algún hombre le dice que es guapa. Y Jane, la más conservadora, tiene su momento de «rebeldía» después de que su novio la deje y acabe acostándose con un vecino renunciando así a permanecer «virgen» —concepto irreal y sumamente patriarcal— hasta el matrimonio como tenía previsto desde un principio. Como decía, todo está muy ligado al coito. Por último, otra cosa que me dejó atónita fue descubrir que la abogada del caso —una mujer negra con carácter y quien alienta a las demás siempre a defender sus derechos— también era representante del Ku Klux Klan y defiende esta postura, porque al fin y al cabo es su trabajo…


Aunque no es todo malo, todas tendrán su peak man hacia el final de la trama, ese momento en que los intereses amorosos de cada una les van a demostrar que no pueden confiar en ellos —después de muchas vejaciones, eso sí—. Para Cindy, ese momento fue doble, tanto con su amante como con su marido. Sólo que el desengaño con el primero la llevó a volver a intentarlo con el marido, hasta que éste le da la primera bofetada. Tengo que decir que la forma de representar aquí el maltrato no parece muy realista, tras la primera agresión física él se queda en shock, sorprendido de sí mismo y de lo que ha hecho, y ni siquiera reacciona cuando ella le dice que le deja definitivamente. Me hubiera convencido que él hubiera tratado de retenerla, ya fuera mediante la fuerza o a través del chantaje emocional.



A modo general, me extraña que se hayan decantado por las tramas amorosas en lugar de retratar el acoso sexual en el trabajo siendo algo que realmente sucedía, como se narra en el libro The Good Girls Revolt de Lynn Povich, una de las denunciantes de 1970 (2). Para mí, una oportunidad desperdiciada.



Referencias


(1) Leidholdt, Dorchen y Raymond, Janice G. Los liberales sexuales y el ataque al feminismo (parte uno). Traducción no oficial.



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