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«Turning Red»: una sucesión de estereotipos

Turning Red es una de las últimas películas de Disney/Pixar y representa una metáfora sobre la adolescencia y la menstruación. Se centra en la historia de Meilin Lee, una chica de origen chino canadiense que se debate entre ser la hija obediente de mamá o desafiar las normas junto con su grupo de amigas. En su camino, además, tendrá que lidiar con una mágica transformación en forma de panda rojo gigante. Va con spoilers…



La Monstruación


Hablemos del tema que más se ha comentado y elogiado en este filme, la temida regla. Mi opinión sobre cómo se ha representado difiere bastante de la opinión general. Para empezar, me resulta ofensivo que de manera simbólica esta se nos muestre como una especie de demonio interno que te hace descontrolarte, es una regresión al viejo tópico machista sobre las mujeres.


Aún más, es desconcertante que en una película que habla precisamente de la menstruación ni una sola vez se mencione dicha palabra. La madre de la protagonista utiliza el eufemismo de «la peonía roja ha florecido». ¿Qué coño? El tabú sobre nuestra biología prevalece.


He escuchado que hay muchas mujeres encantadas con que en la película muestren compresas —y una gran variedad de ellas—, dicen que es un gran avance. Pero, ¿lo es? Me parece que estamos ya tan acostumbradas a tener poco o nada que nos conformamos con migajas, algo comprensible. Tenemos que acostumbrarnos a pedir mucho más, lo que merecemos vaya. La verdad sobre las compresas es que están llenas de químicos que afectan a nuestra salud y nuestros ciclos y que son altamente contaminantes, por lo que hacerles promoción resulta contraproducente. Consejo personal: mejor usa compresas de tela o practica el sangrado libre.




Racismo, ¿Sí o No?


Es un punto positivo que tengamos un gran porcentaje de personajes racializados y de diferentes culturas, sin embargo aquí se insertan un gran número de mujeres y niñas con velo. Mi sospecha es que tratan de ser inclusivos con la religión musulmana, lo que demuestra la falta de comprensión sobre el papel que cumplen las religiones creadas por los hombres, siendo estas instituciones opresivas para las mujeres. Así que mostrarme a mujeres tapadas con velo es mostrarme a mujeres sufriendo la opresión, no es ningún avance.


Lo que pasa cuando quieres ser inclusivo pero no tienes unas nociones mínimas de análisis político-social, es que se te cuelan algunos tópicos racistas:

Como el tópico de la madre asiática exigente, controladora y sobreprotectora; o el tópico del niño negro que juega al baloncesto y que siempre lleva el equipo deportivo puesto. Y si hace frío se pone una chaqueta sobre la ropa habitual.




Oda a la Heterosexualidad


Al inicio del filme vemos que las amigas de Mei están babeando por un chico que, sorpresa, es mayor que ellas, además tiene un estilo rollo surfero y cara de fumado. A Mei al principio no le gusta pero, tras fijarse en sus brazos y sus ojos —aquí lo que importa es el físico—, empieza a dibujarlo por todo su cuaderno. Estoy un poco hastiada de que la ficción no pare de decirle a las adolescentes que el prototipo de chico que gusta a todas es mayor y rebelde. Nada más empezar el nivel de heterosexualidad ya es alto, y va a seguir subiendo.


Lo peor de la cinta para mí es que la unión y amistad entre las niñas se basa en su obsesión por un grupo pop de chicos adolescentes (la boyband). Este es un hecho fundamental de la película, ya que las acciones de las chicas todo el tiempo están dirigidas a poder ir al concierto de la banda. Su relación gira en torno a un grupo de hombres y no conocemos su amistad mucho más allá de este absoluto fanatismo y adoración por ellos. Una representación de las niñas adolescentes que ya hemos visto mil veces. Incluso dicen querer casarse con ellos, ¡CASARSE!

Por otro lado, también nos cuentan que el padre de Mei es el motivo de la disputa entre su madre y su abuela porque esta última no aprobaba su relación. De nuevo, la discordia entre mujeres es a causa de un hombre.


Otro punto que refleja lo idolatrados que están los hombres: resulta que Tyler, el niño que se dedicaba a molestar e insultar a las chicas durante todo el filme —básicamente un bully— es perdonado mágicamente por el simple hecho de que descubren que él también es fan de la boyband. A partir de aquí, el chico ya es acogido e integrado en el grupo como unA más sin que en ningún momento haya ofrecido una disculpa o corregido de alguna forma su comportamiento. Porque lo único que importa es ser una groupi fanática—y este mal social es importante revisárnoslo porque cuando pasamos de la admiración al «modo fan» ponemos a la persona admirada por encima de nosotras mismas, la despojamos de humanidad y creamos una jerarquía, alejándonos de las relaciones horizontales—.



Y como no podía ser menos, entre tanto cliché adolescente, nos cuelan una poco sutil referencia a la saga Crepúsculo, que es básicamente una romantización de relaciones abusivas; del acoso sexual; e incluso de la pedofilia, que se dice pronto.




Vínculo entre mujeres


Si nos fijamos bien en las amigas de la protagonista, podemos observar que hay una que parece ser más importante (Miriam, la única blanca). Las otras dos se nos presentan más bien como secundarias, cuyas decisiones y emociones están condicionadas por la amiga principal —incluso en el plano físico, ella suele estar situada en el medio cuando aparecen sólo las tres— . Esto puede verse bien hacia el final de la película cuando Mei Lee trata de reconciliarse con sus amigas después de una pelea. Aquí vemos como Priya y Abby esperan a que Miriam acepte la disculpa de Mei para después abrazarse todas, como si ellas no necesitasen disculparla y su enfado estuviera supeditado al de Miriam. No existe una relación individual con cada una de ellas, siendo Miriam la única que conversa a solas con Mei, y también quien tiene más líneas de diálogo.




La mujer sargento


Muchas veces en la ficción se nos presenta a un matrimonio en el que la mujer es la que «lleva la voz cantante», mientras el marido se muestra bastante sumiso y complaciente hacia ella y Turning Red es otro ejemplo de ello. Es este intento de querer colarnos que en realidad «son ellas las que mandan». Patriarcado, ¿dónde? si es mi madre la que manda en mi casa; dijo un hombre cualquiera sin observar que su madre se queda en casa lavando calzoncillos sin cobrar un duro por su trabajo (y esto es sólo un ejemplo).


Volviendo al tema de los progenitores, aquí el padre no es fuente de conflicto, sino al contrario: él escucha a su hija y se convierte en el detonante para que ella empiece a aceptarse. La figura masculina es la que trae comprensión, calma y sabiduría; mientras que la figura materna representa la exigencia, el control y la opresión. Paradójicamente, todo lo opuesto a como funciona una sociedad patriarcal.



No todo es malo


Sí podemos decir que la cinta tiene algunos aspectos positivos como son la integración de personajes de diferentes «razas» y culturas; o de un grupo de chicas y una protagonista que no siguen los cánones de belleza; y el hecho de que Mei consiga relajarse pensando en sus amigas; o que termine aceptando a su panda interior como parte de ella.


También es un punto positivo el tema de la restauración del vínculo entre madre e hija, aunque esto es algo que ya vimos —y mejor tratado en mi opinión— en la película Brave.


Además, visualmente es muy atractiva: los escenarios, la gama cromática, el diseño del panda… Todo da muy buen rollo. Lamentablemente, nada de esto ha sido suficiente para compensar todo lo negativo que nos ofrece este nuevo filme.


La directora es Domee Shi que, junto con Julia Cho y Sarah Streicher, dan vida a esta historia. Todas mujeres y mayormente de origen chino. En el aspecto técnico hicieron un gran trabajo y tuvieron una buena idea de inicio, pero al final el resultado es un conjunto de tópicos; la historia de siempre con algunos pequeños arreglos para hacerla parecer moderna y actualizada.




NOTA: este análisis nace de las conversaciones con mi buena amiga Irene, cuyas ideas fueron una importante aportación a este texto.

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