«La sustancia», demasiada pornificación para ser feminista
- Violeta G.
- 12 dic 2024
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 24 abr 2025
Viendo la fascinación que ha suscitado y aún sin ser muy fan del género del Body horror sentí una gran curiosidad por ver esta película. Me parecía muy interesante su premisa: crear un versión mejorada de ti misma a través de la división celular. Sin duda, es interesante y, al estar dirigido por una mujer, tuve la esperanza de que fuera un hallazgo que mereciera la pena, pero está claro que cuando algo es popular entre el público es que de alguna forma es complaciente con el pensamiento general. Aviso, va con spoilers...
La mirada masculina
La mirada masculina o male gaze se refiere al acto de mostrar a las mujeres en las artes visuales y la literatura desde la perspectiva de los hombres y su sistema patriarcal. Fue Laura Mulvey quien desarrolló este concepto en relación con la representación de la mujer en el mundo del cine. Por desgracia, las mujeres interiorizamos esta percepción sobre nosotras mismas y consecuentemente solemos encontrar a directoras de cine que siguen el patrón de la mirada masculina. Aunque, incluso en la mayoría de estos casos, podemos hallar diferencias entre el trabajo de ellas y el de los hombres, por ejemplo en las temáticas que suelen tratar.
Esto mismo le ocurre a la directora de La sustancia, Coralie Fargeat. Recurre a imágenes y encuadres totalmente pornificados del cuerpo de las mujeres y se recrea excesivamente en ellos. De hecho, dichas imágenes son una constante y ocupan una parte importante de la cinta, al punto que pareciera que estás viendo una porno. Es el mismo problema que tuvo la película The Cuties: hacer justo aquello que critica, participar en la misma cosificación que supuestamente dice condenar. No es imposible hacer una crítica de la cosificación sin participar de la misma.
No es el único ejemplo en que la directora aplica esa mirada masculina, sólo viendo el trailer de su película Revenge podemos observar la gran cantidad de planos en los que se sexualiza a la protagonista mostrándola en ropa interior y fragmentando su cuerpo. Desde luego, no diría que está dirigida por una mujer. En el caso de La sustancia, es posible que Fargeat quisiera apropiarse de esa mirada masculina y usarla para evidenciar el modus operandi de la misma, pero creo que había muchas formas más originales y menos cosificantes de hacerlo.
Y, principalmente por esta razón, para mí La sustancia no funciona. Hay una discordancia entre forma, contenido y mensaje que es imposible de reconciliar. Siento que Fargeat quiere expresar una realidad que ella misma vive siendo mujer, quiere dar salida a la rabia y ponerla en palabras —o imágenes— pero al mismo tiempo le faltan herramientas para crear un producto que pueda considerarse feminista, porque es incapaz de alejarse de esa mirada cosificante.
Feminismo de paja
Existen otros motivos por los que la cinta no debería considerarse feminista bajo mi punto de vista. Empezando porque no deja claro quienes son las víctimas y quienes los victimarios dentro del sistema de opresión sexual. Por ejemplo, se nos muestra que quien introduce a Elizabeth —la protagonista— en el negocio de la sustancia, siendo éste a su vez una víctima del mismo, es un hombre, lo cual socava la idea de que son las mujeres quienes sufren de forma estructural este tipo de violencia.

Al mismo tiempo, le falta contexto para entender mejor las decisiones y los sentimientos de Elizabeth. En el filme se nos cuenta cómo ella es relegada gradualmente a un segundo plano en la industria televisiva debido a su edad hasta llegar a perder su trabajo y su fama —todo cuanto le importaba—, lo que propicia que decida recurrir a una “solución” extremadamente drástica. Podrían haber aprovechado la primera parte de la película para revelar algo más del mundo interior del personaje y de las circunstancias que moldean a las mujeres hasta generar una percepción de nosotras mismas totalmente desproporcionada y negativa. Sin este contexto, sólo estamos viendo a una mujer obsesionada con la fama y que termina muerta como castigo por ello. Asimismo, haberle dado al personaje de Elizabeth algún vínculo —ya fuera de amistad o familiar— al inicio podría haber servido para mostrar un progresivo aislamiento respecto a la relación. Sin embargo, desde el principio ella parece no tener a nadie y este hecho, además de restarle realismo, no parece que cumpla ninguna función en la película. Al final de la cinta lo que estamos viendo es a una mujer que se destruye a sí misma movida por su necesidad de triunfar públicamente y ser alabada por la sociedad. Y dicha destrucción se representa a través del odio entre dos mujeres —la joven y la adulta, como dos partes de una misma persona— que llegan hasta el enfrentamiento físico más sangriento, sin que haya ni un solo momento de compasión entre ambas.
Para rematar, el personaje de Sue tiene el problema de formar parte del cliché de la joven guapa y frívola que sólo se preocupa por sí misma. Hoy en día resulta necesario mostrar alternativas, algo de lo que carecen el 99% de las ficciones que hacen una crítica al patriarcado y al machismo. Sólo vemos sufrimiento y personajes dañadas pero, ¿dónde está la salida?, ¿dónde están aquellas que se rebelan contra la opresión? Necesitamos ver a mujeres que desafían el statu quo, que se priorizan a sí mismas y a las otras, mujeres que sean referentas.
Simbología y técnica
A pesar de todo lo dicho, hay algunas escenas o ideas muy bien pensadas, como la representación de la dualidad a través de una mujer dividida en dos. Sue representa al ‘yo’ público (visible) y Elizabeth al ‘yo’ privado (oculto), y aunque parezca que son dos personas independientes, se hace hincapié en que ambas son la misma y ninguna puede vivir sin la otra. Así, mientras Sue sigue los mandatos del género femenino impuestos y va ascendiendo en su carrera, Elizabeth se encuentra cada vez más aislada, más insegura y deprimida y su estado físico se deteriora. Podemos concluir que la forma de vida de Sue no es tan buena como parece y le está pasando factura a su auténtico yo, el que no se encuentra visible al público.
Es evidente que al acatar esos mandatos recibimos algunas recompensas sociales que no son más que engaños y una falsa sensación de felicidad, nuestra autoestima comienza a depender de medios materiales y externos que no son ilimitados. El objetivo es que siempre estemos preocupadas por aquello que nos falta y nos mantengamos eternamente insatisfechas, buscando algo irreal. Es la distracción perfecta. El sistema nos crea una disforia —la enfermedad— y nos ofrece una medicina paliativa que genera adicción y que necesitaremos el resto de nuestras vidas. Eso sí, no hay mención a la violencia sexual o al daño derivado de la depilación o el uso de tacones ni nada parecido, cosas que se intensifican conforme más nos dejamos llevar por los roles sexuales. Viendo está película incluso se podría malinterpretar que el hecho de que los hombres te miren, alaben y quieran follarte es algo positivo. Y es que la película se centra tanto en la lucha entre Sue y Elizabeth que casi se olvida del verdadero enemigo, de señalar de dónde procede el problema.
También es digna de alabar la forma de narrar de Fargeat y la simbología que emplea. Como la imagen de una mosca ahogándose en una copa de alcohol bajo la mirada de Elizabeth, que nos habla de ella misma y nos alerta sobre su posible futuro. O esa irónica escena en el restaurante en la que nuestra protagonista recibe lecciones de belleza de parte de su jefe mientras éste come de forma tosca y repulsiva, acentuado por la cercanía y deformación de los planos y el desagradable sonido. También encontramos multitud de referencias a famosas películas de terror y suspense como El Resplandor, que podemos ver por ejemplo en la alfombra que cubre el pasillo del estudio de televisión, augurando que algo turbio y sangriento va a ocurrir en ese lugar.

Una escena especialmente buena y que para mí fue de lo mejor del filme es aquella en la que Elizabeth se está vistiendo para acudir a una cita pero, cada vez que intenta salir por la puerta, se descubre a sí misma algún defecto. Después de cambiar de vestuario y maquillaje innumerables veces la inseguridad la acaba venciendo y es incapaz de salir. Esto es algo con lo que todas las mujeres podemos identificarnos, se siente real y cercano y es un momento magistralmente ejecutado.
Otra buena escena ocurre cuando Sue está grabando un baile en el set y en uno de los movimientos siente como un bulto en su cuerpo y tiene que parar. Alguien cree haber visto algo y todos los presentes se acercan a ver la repetición en pantalla, observando muy de cerca cada parte de su anatomía. Ante el escrutinio de todos esos hombres ella entra en pánico y se va. De nuevo, otro buen ejemplo de cómo mostrar esa incomodidad e inseguridad que nos atormenta muchas veces a las mujeres, y también de cómo sí se puede criticar la violencia estética y la cosificación a través del female gaze.
Definitivamente, Fargeat sabe emplear el lenguaje del cine y desde luego está película demuestra un gran nivel técnico y visual, sin embargo la estética y el efectismo consiguen imponerse sobre el contenido y la crítica haciendo demasiado largos y repetitivos muchos momentos de la misma.



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