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¿Barbie feminista?

Actualizado: 11 jun 2024

Sinopsis:

Barbie vive en Barbieland, un mundo idílico donde cada día es el mejor día, pero de pronto algo cambia en ella y todo empieza a desmoronarse. Para arreglarlo deberá viajar al mundo real y encontrar a una niña humana…


[Aviso: spoilers a continuación]


Hace poco vi la película de Barbie. Antes de verla esperaba encontrarme con un producto totalmente liberal y pseudofeminista pero con la suficiente calidad fílmica como para divertirme un rato. Bueno, me equivoqué en lo segundo. Personalmente, me ha aburrido infinitamente. Es una película superficial y excesiva a la que le sobran números musicales. Ni siquiera entiendo su sentido del humor o el tono general, que está cargado de infantilismo y en el que pretenden hacerte reír con gestos exagerados, caídas y puñetazos. Y no es que no haya algunos chistes bien pensados, es que todo es demasiado forzado y predecible. A los 10 minutos ya se pasa de la parodia al ridículo.


La comparo con el live action de Los Picapiedra, donde nos introducen a un mundo fantasioso propio de un dibujo animado pero con personas reales y donde la gracia está en el absurdo y en la caricatura, como conducir un coche de piedra usando los pies o, en este caso, comer comida imaginaria y ducharse sin agua. El problema es que no hay nada más allá de eso, hasta los diálogos que deben ser conmovedores se vuelven infantiles y empalagosos. Le falta acidez y le falta riesgo.



Poca crítica y mucho homenaje


Mucho se ha comentado sobre la gran jugada de Greta Gerwig, la directora, que ha hecho creer al público que verían una simple película de una muñeca para descubrir una mordaz crítica a la misma y a toda la empresa Mattel. Nada más lejos de la verdad, de hecho, es una mentira dentro de otra mentira envuelta en celofán rosa. La película nos intenta confundir con sus críticas, por ejemplo nos habla del machismo en Mattel —dirigida exclusivamente por hombres—, sin embargo introduce muchos elementos que suponen un lavado de cara a Barbie. Empezando por los villanos empresarios, quienes no infunden temor ni suponen una amenaza real sino que provocan la risa como personajes bobalicones fácilmente derrotables y que al final del film incluso encuentran la redención. Tras un breve discurso, ellos de repente entienden los deseos de las mujeres y se comprometen a cambiar las cosas, al igual que le sucedió al Grinch, pero más abrupto. El convertirlos en caricaturas también ayuda a crear un distanciamiento con la realidad de la empresa.


Algo similar sucede con Barbie, nuestra protagonista, a la que nos muestran sufriendo el machismo en sus carnes pero también sintiéndose atacada por el discurso feminista que la acusa de ser un producto machista que daña a las niñas. Algo bastante retorcido si lo piensas. Ella queda en shock ante estas revelaciones, lo que nos lleva a empatizar con sus emociones y a reconciliarnos con la propia figura de Barbie a la que parece que hemos acusado injustamente. La humanización llega a tal punto que incluso terminan por convertirla literalmente en humana, mandando el mensaje de que ahora es una mujer real. Todos los personajes cambian, mejoran y se redimen.


No sólo eso, además aparece la creadora de la primera Barbie, Ruth Handler. Nos la presentan como el fantasma que aún vive en una de las oficinas ocultas de Mattel y que es la auténtica representación de la empresa, lo que resta importancia a los directivos. Ella actúa de forma maternal con Barbie y le sirve de guía en sus peores momentos. Así, consiguen dulcificar la figura de Ruth y de toda la historia de Barbie, con un llamado a la nostalgia y constantes guiños que crean complicidad con las/os espectadoras/es. Es un gran homenaje a la historia de Barbie. Y, sorpresa, no hay ningún comentario acerca de la contaminación producida o la explotación laboral que sufren cientos de mujeres en el proceso de fabricación de todos los productos de Mattel. Ahí es cuando nos deberíamos dar cuenta de que este filme no es una crítica real a Barbie, nada que provoque una nueva oleada de gente en masa comprando sus artículos podría serlo.


Todo ello ha servido a Mattel para presentar una imagen moderna y renovada de la empresa, ahora se preocupan por las mujeres de verdad...




El Pseudo-feminismo de Barbie


También se dijo que esta es una película que los hombres deben ver, una historia que les escuece a ellos especialmente por sus críticas al patriarcado. Y sí, hay muchos hombres despotricando de la temática “feminista” del film, pero también les ha gustado a muchos otros. Mi conclusión es que a los únicos que puede cabrear Barbie es a esos que aún dicen que el patriarcado no existe. El nivel de feminismo que nos plantean es el que es asimilable por la masa, un feminismo complaciente que no llega a ser verdaderamente incómodo sino que produce sólo un leve picor transitorio.


De hecho, ni siquiera profundizan en las cuestiones que tratan y la mayor parte de los temas feministas no los muestran mediante acciones sino que se lanzan discursos por boca de los personajes. Destaco cómo el primer cuestionamiento que se le hace a Barbie como producto que promueve los estereotipos sexistas y problemas de autoimagen en niñas es emitido por una adolescente cruel que controla a sus amigas y trata mal a su madre. Esta es la representación de la (mala) feminista que nos ofrecen, haciendo incluso llorar a nuestra protagonista. Sin embargo, su actitud irá transformándose a lo largo de la cinta a medida que aprende a apreciar a la nueva Barbie. En contraposición tenemos a la madre, a quien siempre le gustó Barbie y cuyo discurso (light) feminista es el que trae la solución al conflicto final. Hay una correlación entre el aprecio a la muñeca y la bondad de la mujer.

Es curioso además que la protagonista sea llamada la Barbie Estereotipo y que ella sea la única en Barbieland mientras que el resto son la Barbie Presidenta, la Barbie Doctora o la Barbie Abogada, con diferentes rasgos y colores de piel. Aquí el apellido de Estereotipo sobra, ya que ella es la auténtica representación de Barbie, es el canon. Las demás son por comparación una minoría que apenas existen en el imaginario colectivo y que no protagonizan anuncios o películas. Barbieland no es tan diversa como quieren hacernos creer, ni siquiera existe la Barbie gorda —la curvy, como mucho—, porque un precepto que deben cumplir estas muñecas es que deben ser sexys y lo más canónicas posible. Por eso no existe la Barbie anciana. Ya ni hablamos de una Barbie lesbiana. ¿Y sabéis qué Barbies no aparecen en la película? la Hada, la Princesa, la Rapunzel… todas aquellas que han inundado el mercado durante años.



Terminemos de romper el supuesto alegato feminista diseccionando la trama de Ken, co-protagonista de esta historia. Y es que este personaje consigue lo que ni los villanos de Mattel consiguieron, dar una lección a Barbie. No por su sexismo o su hipersexualización, sino por no respetar lo suficiente a los hombres. Porque en este universo el patriarcado de Ken sólo se instaura como venganza hacia la mujer que “le trató mal” a pesar de que él sólo deseaba impresionarla. Anteriormente a este sistema eran las mujeres las que ostentaban el poder y los hombres sus accesorios. De alguna manera te están equiparando el antiguo Barbieland con un régimen patriarcal, aunque yo diría que en Barbieland no violaban ni mataban hombres. Aún así, Ken nos deja esta enseñanza: no todas las noches tenían que ser una noche de chicas...


Quieren venderte al mismo tiempo que Barbie siempre fue algo feminista porque ella era más importante que Ken y también que eso no fue justo para él. Siento que de alguna manera nos están haciendo gaslighting con todo esto.



Pero lo peor de todo es la conclusión que nos dejan, con un Ken derrotado y deprimido con quien nos fuerzan a empatizar. Ken es ese tío que sufre porque no le das bola, el que se queja porque siempre estás con tus amigas, el que te persigue y el que se vuelve contra ti y te lo arrebata todo cuando no le das lo que quiere. Y después de todo eso, va Barbie y termina pidiéndole disculpas por haberle ignorado. De nuevo, la mujer es relegada al papel de sumisa cuidadora, teniendo que consolar a un hombre por no quererle.



Bienvenidas a la nueva feminidad


Llegó el final, en el que Barbieland cambia hacia una sociedad más justa donde los sentimientos de los hombres son más tenidos en cuenta y empiezan a participar en el sistema de poder; donde la Barbie Rara por fin es aceptada por las demás; donde todas las Barbies comienzan a usar más pantalones y menos color rosa, pero sin dejar de ser femeninas y de usar maquillaje; y, sobre todo, donde cada personaje encuentra su final feliz al más puro estilo Disney.


En conclusión, Barbie no parece ser consciente de cómo funciona un patriarcado real. Ni siquiera critica la feminidad, que es justamente la jaula que construyeron los hombres para las mujeres (referencia a Marilyn Frye), sino que la rediseña para hacerla un poco más confortable. Nos presenta un nuevo modelo de feminidad, siguiendo la estela de la ideología Queer que busca diversificar el género en lugar de romperlo.




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