«Euphoria»: la serie porno adolescente
- Violeta G.
- 26 oct 2022
- 10 Min. de lectura
Actualizado: 2 nov 2022
Euphoria se nos presenta como una serie que explora los dramas adolescentes a través de Rue, su protagonista, una chica de diecisiete años que acaba de volver de rehabilitación y que comienza a relacionarse con la «chica» nueva de la ciudad, Jules. Mientras, nos muestran otras tramas poco resueltas de misterio o episodios de violencia machista que protagonizan el resto del elenco. Aquí os presento la crítica de la primera temporada y los capítulos iniciales de la segunda, va con spoilers.

Adolescencia, Sexo y Drogas
Comencemos con cómo se representa la adolescencia en esta serie: se mantiene el cliché de que lo único que tienen en la cabeza las y los adolescentes son las drogas y el sexo —en el caso de las chicas esta obsesión por el sexo, de la forma en la que se muestra, es propio de una fantasía masculina más que de una realidad—. Y, por supuesto, siempre están de fiesta. Las escenas de mayor importancia y calado para los personajes duran apenas cinco minutos, para poder rellenar la mayor parte de los capítulos con escenas en fiestas en las que se dedican a follar, beber, consumir... Viendo Euphoria tienes la sensación de estar dentro de un agujero de gusano que hace que vuelvas al inicio una y otra vez. Y lo que vemos continuamente es: super fiesta en la casa de alguien sin control parental, Rue experimentando síntomas de abstinencia, ajuste de cuentas en casa del camello al que a Rue siempre la pilla en medio, y super fiesta en cualquier otro lugar.
Todas las preocupaciones adolescentes reducidas a lo que más vende, los problemas relacionados con los estudios y los logros académicos apenas se mencionan y, de lo poco que se dice, esto parece que únicamente afecta a los personajes masculinos —con el fútbol, claro—. Tampoco tienen aficiones o intereses que merezcan formar parte de la trama.
Por otra parte, la forma en la que se comportan no se siente realista; los adultos apenas tienen voluntad sobre sus hijas e hijos, sin apenas restricciones ni supervisión. Estas/os adolescentes parecen poder hacer lo que sea en cualquier momento, sin mostrarse nunca como lo que son: crías y críos. Por no hablar del hermano del camello, un niño que se dedica a pasar droga y va por ahí con tatuajes en la cara; prácticamente no cuenta con ningún rasgo de personalidad infantil, pero sí mucho de gánster.
Ellas Tienen El Control
La serie se abandera de la ideología neoliberal y, entre otras cosas, nos transmite la idea individualista de que no existe coacción que oriente las elecciones de las mujeres dentro del sistema, colocándolas en una situación de poder ilusoria —podemos anular esta conclusión apelando al mito de la libre elección—. Dichas elecciones las llevan a situaciones dañinas para ellas mismas, situaciones que realmente son resultado de un sistema de opresión. Pero, al pasar por alto el componente coercitivo que actúa socialmente sobre las mujeres, se las hace responsables y culpables de los daños sufridos (Marilyn Frye analiza cómo funciona la coacción y la opresión en Las políticas de la Realidad); así los sistemas de opresión quedan ocultos bajo el mantra de «ella lo escogió».
Una de las escenas que mejor ilustra este hecho es aquella en la que se narra que Maddy, a sus 14 años, mantuvo relaciones sexuales por primera vez con un hombre de 40. Rápidamente, la voz en off nos aclara que esto no puede considerarse violación porque «ella controla». Una clásica forma de encubrir la pederastia: ignorar los actos de él y hacer responsable a la chica adolescente, que parece encarnar la mítica figura de la lolita. Porque ya sabemos que las niñas de 14 años se sienten poderosamente atraídas por los señores de 40…
En otra alarmante escena nos reiteran que, aunque Nate (el novio maltratador de Maddy) trata a su novia como un objeto al que debe dominar y lo veamos aplastándole la cara contra la almohada durante el coito, ella realmente hace con él lo que quiere. Es ahí cuando nos la muestran «manipulando» a Nate para que le compre un abrigo de piel. Pocas escenas se me ocurren más misóginas y clichés. Nos están mostrando que la mujer hace ciertas concesiones —dejarse violentar y dominar, nada menos— para obtener lo que quiere de él: cosas materiales, que son la pasión de las mujeres y que no podría conseguir por sí misma.
Sexualización y Violencia
Si es frustrante cuando aparece un personaje femenino sexualizado en la ficción, imagina cuando se sexualiza a prácticamente la totalidad de ellas. Así es, todas las mujeres de la serie sufren de cosificación maximus, con una pequeña excepción en Rue, la única que viste normal, pero que tampoco se libra por completo de tener que enseñar la ropa interior al menos un par de veces. Para el resto se ha diseñado un vestuario imposible que parece inspirado en películas porno —algunos de corte sadomasoquista—, forzando hasta el uso de tacones de aguja para las tareas más cotidianas como ir a clase o hacer de canguro.
Una vez más, Euphoria demuestra que no intenta ser realista en su representación de la adolescencia, sino que busca crear tendencia, ser moda. Lamentablemente, lo está consiguiendo; ahora las jóvenes y adolescentes buscan tener el último modelito de la serie para lucirlo en sus redes sociales.
Se muestran tetas y culos constantemente por puro morbo. Por ejemplo, contamos con numerosos planos en un club de striptease donde aparecen cuerpos desnudos de mujeres contoneándose, deshumanizados y sin rostro. Además de esto, resulta problemática la violencia explícita innecesaria. Mucha gente cree erróneamente que para causar impacto o empatía por determinadas situaciones —como una violación— es necesario mostrarlas de forma explícita, pero, de hecho, la constante exposición a imágenes violentas hace que aumente nuestra tolerancia a ellas, nos acabemos acostumbrando y normalicemos esa violencia.
No hay un propósito, más allá de captar la atención, en el tratamiento de la violencia: sabemos que el padre de Nate es un pederasta y lo vemos violar a Jules (aunque, de nuevo, no van a llamarlo violación). El problema es que no se muestra el grooming ni las posibles consecuencias psicológicas en Jules por este suceso. Del mismo modo, Nate ejerce violencia machista sobre Maddy, pero tampoco se exploran las consecuencias que esto tiene para ella, y después de la primera temporada simplemente pasan a otro tema.
Referentes Femeninas
Hagamos un repaso por los diferentes y variados personajes femeninos que se nos muestran: la mujer sumisa hipersexualizada que parece estar constantemente excitada —vemos una vergonzosa escena de ella teniendo un orgasmo subida en el tiovivo de la feria porque está colocada, pura fantasía masculina—; la que se dedica al porno y se obsesiona con el sexo; y la que se tira a todo el que pilla y es muy malota y con carácter. De nuevo, la única que se escapa un poco de tanto estereotipo es Rue.
Kat, viene a ser la representante de las mujeres gordas en esta historia, ya que el resto cumplen perfectamente con el canon de belleza. Pese a ello, tampoco se libra de la hipersexualización. Aunque el desarrollo de personajes en general no es el fuerte de la serie, Kat es sin duda la que sufre cambios más abruptos de personalidad, pasando de 0 a 100 de un capítulo al otro. Pasa de insegura y de no tener ninguna experiencia sexual a ir medio desnuda por la calle y dedicarse al porno online. Y resulta que esto no le trae consecuencias negativas, sólo mucho dinero para comprarse lo que quiera. Más adelante, pasa del sexo fortuito con tíos cualquiera a mantener una relación, pero ella se aburre porque él es demasiado bueno y amable, no la maltrata lo suficiente y no es excitante. Esta «necesidad» de tener relaciones violentas se presenta también en las demás chicas, que lo comentan durante una conversación. Dan la idea de que somos nosotras las que buscamos que nos peguen y fantaseamos con que nos violen. No se llega nunca a identificar a los opresores, ni se profundiza en el por qué muchas mujeres llegan a tener conductas autodestructivas.
En el papel de las madres podemos ver dos figuras que para mí se corresponden perfectamente con la dicotomía santa/puta. Por un lado, está la madre de Rue que hace el papel de cuidadora y poco más sabemos de ella. Y por otro, la madre de Cassie, quien parece tener problemas con la bebida y que siempre va ligera de ropa, se nos presenta «sutilmente» como un mal ejemplo y la causante de que Cassie tenga un comportamiento excesivamente sexualizado.
Y, ¿Cómo se relacionan estos personajes femeninos? Pues no pasarían ni el Test de Bechdel porque se pasan la vida hablando de hombres y sexo. La amistad entre mujeres es prácticamente invisible, vemos escasas muestras de afecto y apenas un apoyo sólido entre ellas. En la segunda temporada llegamos incluso al punto de tener la típica trama de la chica que se ve en secreto con el ex-novio de su mejor amiga, y lo que le preocupa es que si su amiga se entera tenga un arranque violento contra ella.
La Masculinidad
Para hablar de masculinidad tenemos que empezar por el personaje de Jules, el personaje trans de la serie. Como muchas sabemos, la inserción de personajes trans en la ficción es cada vez más exagerada, especialmente si se trata de hombres que se denominan mujeres, esto no es nada casual. Vemos en este personaje una intención de ser complaciente; a Jules se le describe como «La persona más maravillosa del mundo», aunque sus actos nos dicen justo lo contrario. De hecho, su conducta es propia de la masculinidad: actúa por impulsos egoístas, carece de responsabilidad afectiva hacia Rue —bebe a su lado, la deja tirada en la estación de tren, se besa con otra mujer mientras sigue jugando con ella y la hace ponerse ropa «femenina» y maquillaje cuando realmente ella no quiere— y además, tiene un fetiche por las cosas asociadas al género femenino… En la segunda temporada hasta monta una escena de celos sin motivo cuando están iniciando oficialmente su relación. Rue claramente no está en plenas facultades, ella está luchando contra su adicción a las drogas y, al mismo tiempo, se ve cómo está desarrollando una adicción hacia la relación con Jules.
Todas estas conductas no se señalan como algo malo. Las únicas actitudes masculinas que son cuestionadas, aún con matices, son las que encarnan Nate y su padre, a quienes podemos ver como una especie de villanos en la historia. Al resto no parece que se les juzgue ni cuando cometen actos igualmente deplorables. Pongo ejemplo con el personaje de Mckay.
Mckay, es el novio de Cassie y se nos presenta como un chico inseguro y estrella de fútbol, que lo está teniendo difícil para lograr sus objetivos. A pesar de su aparente sensibilidad, llega incluso a violar a Cassie en una escena tras la que él ha sido atacado y humillado por sus compañeros. Vemos como ella no quiere tener sexo y a él no le importa, porque su ego masculino ha sido herido y convierte esto en su forma de recuperar la hombría—acto que tampoco va ser considerado violación ni tendrá repercusiones—. Durante toda su relación, él la maltrata psicológicamente de varias formas más; culpabilizándola por los vídeos sexuales que sus amigos circulan de ella y no ofreciéndole apoyo cuando se entera de que está embarazada. Pero la serie quiere hacernos empatizar con Mckay porque tiene un padre exigente o algo así. Es igual de misógino que Nate, de una forma menos evidente y exagerada, pero no va a rendir cuentas por ello y mantendrá una relación normal con Cassie tras la ruptura.

¿Hay Algo De Feminismo?
Euphoria carece completamente de perspectiva feminista, aunque a veces nos quiera insinuar lo contrario. Se insertan temas como la violencia machista, la sexualidad o la pornografía, entre otros, cuyo tratamiento carece de análisis porque quien ha creado dicha serie está más preocupado por atraer al público juvenil y por ser referente que por contar una historia. Voy a comentar brevemente diferentes temas:
Respecto al tema transgénero, y dada la complejidad del asunto, recomiendo leer Gender Hurts: el género daña, de Sheila Jeffreys. Porque en esta, como en tantas otras series, van a por el discurso mainstream y que es más complaciente.
En cuanto a diversidad, aunque afortunadamente contamos con personajes racializados, la gran mayoría son gente blanca y, si hablamos de diversidad de cuerpos, ya hemos visto que el 99% son excesivamente canónicos. Por último, y para disimular el derroche de heterosexualidad, tratan de colarnos como pareja de lesbianas a Jules y Rue, que sigue siendo otra relación hetero más, y bastante dependiente e insana.
Otra que nos han colado es la breve mención a la donación de óvulos en una escena en la que Maddy llama retrógrada a la mujer de la clínica por no dejarla donar, siendo ella menor de edad. Este es el único comentario que escuchamos sobre un proceso tan invasivo como es la extracción de óvulos.
Como es ya común en estos tiempos, también vamos a ver una trama sobre el aborto que dura unos dos capítulos y que no tendrá ninguna trascendencia. Es curioso como la palabra aborto ni siquiera se menciona, de nuevo el tabú.
Con el tema de la pornografía, además de que no se exploran las consecuencias reales que pueda tener, esta se muestra como una buena forma de sacar dinero sólo por aguantar un rato a unos cuantos frikis de internet. No se trata como una forma de violencia. De hecho, la incursión en la pornografía actúa como refuerzo positivo para la autoestima del personaje de Kat, como una forma de empoderamiento para ella.
Y si hablamos de perspectiva feminista no podemos dejar de aplicarla en la representación de la adicción, pues no es lo mismo una mujer drogadicta que un hombre drogadicto, porque no somos iguales a nivel social. Los motivos que llevan a las drogas, el daño que puedas hacer y cómo se te va a juzgar es muy distinto en cada caso. Pero aquí no hay diferencias, se presenta exactamente igual.
¿A Quién Va Dirigida?
Si se dirige a adolescentes resulta preocupante la exposición a estos contenidos de hipersexualización, pornografía y violencia. Si va hacia un público adulto, cabe preguntarse por qué razón personas adultas querrían ver constantes escenas de adolescentes teniendo sexo.
Con la película Cuties, todas las feministas teníamos claro que para criticar la sexualización de las niñas lo último que tienes que hacer es mostrar a niñas sexualizadas. Pero, contra todo pronóstico, no se está criticando la hipersexualización de mujeres y adolescentes que estamos sufriendo con Euphoria. Porque además, aunque las actrices sean adultas, están representando a adolescentes y esto sigue siendo muy problemático.
Tengamos también en cuenta que las mujeres a las que vemos desnudas son personas reales que tienen que grabar escenas bastantes desagradables en las que diferentes hombres restriegan contra ellas sus genitales, les tocan partes de sus cuerpos o incluso muerden sus tetas. Imágenes que son mostradas al mundo, para el disfrute de tantos hombres. Pienso que cabe al menos una reflexión sobre este asunto.
Conclusiones
En definitiva, Euphoria viene a ser una serie efectista que invierte más en estética que en contenido. Las fuertes luces continuas, los vestuarios de pasarela y los planos a cámara lenta con música de fondo revisten de belleza los temas más duros: drogadicción, pederastia, pornografía… Toda esta exageración estética no hace sino glamurizar y hasta romantizar esa violencia.
Teniendo todo esto en cuenta, y aunque también hay algunas directoras, no sorprende que el creador de la serie, y su guionista principal, sea un hombre.
NOTA: este análisis nace de las conversaciones con mi buena amiga Irene, cuyas ideas fueron una importante aportación a este texto.












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