«Gambito de Dama», la individualista mujer token
- Violeta G.
- 10 jun 2024
- 10 Min. de lectura
Actualizado: 11 jun 2024
Mi primer objetivo al escribir este texto era desmentir que Gambito de Dama fuera una serie feminista. Podría acabar rápido diciendo que nada que esté hecho por un hombre puede ser feminista —y, en este caso, hasta el autor de la novela en la que está basada la serie lo es—, sin embargo, voy a explayarme un poco más en mi argumentación. Va con spoilers…
Resumen e Inspiración del Personaje
Ambientada en los años 60, esta miniserie narra la historia de Beth Harmon, quien desde su infancia demuestra ser una prodigio en el arte del ajedrez. Ella tratará incansablemente de convertirse en la campeona de ajedrez mundial a la vez que convive con sus adicciones y con el hecho de ser una huérfana.
Aunque nuestra protagonista es un personaje ficticio, el autor del libro declaró en su momento que tomó inspiración de sus propias experiencias personales para crearla, aún cuando también dijo que se trataba de un tributo a las mujeres inteligentes —algo que suena más ofensivo que halagador—. Por otro lado, se sabe que el director de la serie tomó como inspiración a figuras del ajedrez masculinas, como el famoso Bobby Fisher.
Siendo un personaje femenino, y asumiendo como cierta esa pretensión de tributo a las mujeres, lo más lógico hubiera sido basarse únicamente en una o varias mujeres reales. Hay muchas ajedrecistas con trayectorias muy interesantes, como Vera Menchik, quien fue Campeona Mundial de Ajedrez Femenino desde 1927 hasta 1944, mucho antes de los eventos de esta serie. Pero supongo que los campeonatos femeninos no tienen el interés suficiente para los creadores, a pesar de que Vera también fue pionera al competir con hombres y vencer a reconocidos maestros.
Beth Harmon, La Niña Prodigio
Beth sufre el tópico de la chica especial, esa que no es como las demás; la que se lleva bien con todos los hombres pero con muy pocas mujeres, porque ella es superior a las otras. Ella es una de esas pocas mujeres a las que los hombres han dejado entrar en su exclusivo club, un falso privilegio pensado para dar una falsa sensación de igualdad sexual y que el resto sintamos que si no llegamos a tal nivel es porque simplemente no lo merecemos. Beth cumple la función, como nombraría Mary Daly, de mujer token, aquella utilizada para validar el sistema masculino (también llamada mujer cuota por Adrienne Rich).
Beth también es una mujer prodigio, demuestra un tipo de inteligencia poco común desde muy pequeña. Y aunque va perfeccionando su habilidad con los años, ya vemos que es algo innato en ella, lo que la convierte en una figura femenina con la que es más difícil identificarse. A la mayoría de mujeres nos resultará demasiado lejana para intentar emularla, o bien nos sentiremos frustradas al no alcanzar tal ideal. Esto ocurre cuando las pocas referentes que tenemos son como superheroínas invencibles. Necesitamos más personajes mujeres que sean cercanas y reales.

Algo que contribuye a hacerlo todo aún más irreal es la facilidad con la que consigue entrar en ese mundo de hombres y los escasos obstáculos que enfrenta. Nadie le impide nunca competir ni llegan a insultarla de forma amenazante ni a ponerse agresivos con ella. El nivel más alto de machismo que vislumbramos son algunas miradas de desdén o muecas de desprecio de hombres que más tarde se convertirán en sus aliados. Muy diferente por ejemplo al caso de la ya nombrada Vera Menchik, quien tuvo que aguantar que uno de los participantes del torneo masculino sugiriera crear un club de deshonra para todos aquellos hombres que perdiesen contra ella —irónicamente, él fue el primer miembro de ese club—.
Todo esto nos lleva a la pregunta: ¿Estamos ante otra Mary Sue? Veamos, Beth es bastante atractiva, algo que se contradice con el personaje de los libros —de hecho, se ha acusado a la serie de prettywashing—; sortea sin mucha dificultad los conflictos; es querida y admirada por los hombres, aún siendo fría y distante con ellos; es huérfana... Son muchos los indicios.
De hecho, toda la gente con la que llega a cruzarse acaban admirándola, amándola o envidiándola. Aunque se introduce como debilidad la drogadicción, lo cierto es que apenas le afecta a su juego, por el contrario las pastillas le activan su mente estratégica. Sí que hay un momento en que vemos que se ha entregado al alcohol y transcurre una época tirada en su casa, sin embargo, todo ocurre en tres o cuatro escenas y parece que ya todo está superado cuando de pronto, cual deus ex machina, aparece su amiga de la infancia y mantienen un par de conversaciones. Tras este suceso, su adicción ya no da más problemas. La adicción se presenta más como un anzuelo para que por un segundo creas que puede hacerla fracasar.
Amigas Ausentes y Madres Inestables
En lo que se refiere a las mujeres, vemos pocas en comparación con los hombres y las relaciones entre ellas son más bien escasas y momentáneas.
La primera mujer en la vida de Beth es su madre biológica, la cual se nos muestra como una mujer inestable —por la marca en su muñeca deducimos que ha intentado suicidarse en algún momento de su vida— que ha huido con su hija pequeña y ahora vive en una caravana. Sólo vemos al supuesto padre de Beth de lejos y en un par de ocasiones: en la primera va a buscar a la madre a la caravana y le pide que vuelva y que quiere ver si la niña está bien, pero ella no le deja; en la segunda ocasión es la madre la que va a buscarle a él después de 5 años para pedirle ayuda pero este tiene otra familia y termina por decirle que se vaya. Después de eso la madre se suicida en un accidente de coche. Pero no es sólo un suicidio, ya que en el coche también iba la pequeña Beth, quien sobrevive de forma milagrosa y sin un rasguño. No contamos con mucha más información sobre esta mujer, ni su motivación para huir ni tampoco porque decide acabar con la vida de su hija en lugar de dejarla en algún lugar. Simplemente se utiliza como historia lacrimógena para empatizar con la pequeña Beth.
Con la madre adoptiva tampoco tuvo mucha suerte. Es una mujer amable y algo triste que sufre en silencio el desprecio de su marido. De hecho, el padre deja claro que no fue idea de él adoptar a Beth y termina por abandonarlas. Aquí sí me resulta interesante que se muestren algunas de las dificultades y problemas que atraviesan las mujeres que son amas de casa como la subyugación al marido, la tristeza y la soledad, la dependencia económica, el sentirse atrapada y rechazada, etc. Sin embargo, lo poco que consigue salir a flote esta mujer es por las acciones de su hija, no por ella, y no pasa mucho tiempo hasta que muere. Para que no nos sirva de ejemplo a otras mujeres.

En cuanto a esta relación entre madre e hija, hay un aspecto positivo y otro negativo. Como positivo, destaco la representación de la madre como alguien que demuestra inteligencia —aún sin ser una genia como su hija— y que empieza a comprender e interesarse por el ajedrez e incluso puede dar algún consejo al respecto, así ambas se enseñan mutuamente. Lo malo es que la relación entre ellas tiende más a ser de amistad, por lo que nadie cuida realmente a nuestra protagonista en su adolescencia. La deja beber, fumar y acostarse con hombres universitarios, además de que la responsabilidad económica de ambas recae sobre la hija, lo cual es una carga enorme.
Respecto a las amistades entre iguales, la primera amiga de Beth es una chica del orfanato, mayor que ella y que le da algunos consejos para sobrevivir en ese lugar. Esta es prácticamente la única relación de amistad entre dos mujeres que se da en toda la serie. Tristemente esta amiga sólo aparece al inicio y al final de la trama. Luego están las chicas del instituto: son populares, hablan exclusivamente de ropa y chicos, y la tratan mal porque es lista y no va a la moda. Una novedad difícil de creer. Es curioso que sean siempre las chicas las que maltratan y se burlan de Beth mientras que los chicos nunca le hacen nada, algo muy habitual en la ficción y muy alejado de la realidad.
Otros dos personajes femeninos hacen aparición pero su participación es minúscula. Para empezar, una mujer que se presenta contando como dos hombres la salvaron del suicidio y también que se acuesta con otros dos a la vez —o tal vez son los mismos, ni me acuerdo ni me importa—. Después de esta importante información sobre ella, elabora todo un discurso pseudointelectual de porqué las modelos son insulsas, tontas y suelen ser un desastre en la cama, ¿cómo van a ser buenas en la cama si no comen? Lo que diría cualquier misógino pero en boca de una mujer. Con estas palabras crea una categoría homogénea y despreciable de mujeres y sugiere que su máximo valor reside en complacer sexualmente (a los hombres). Esta será la nueva amiga de Beth por dos breves escenas, en una de las cuales la convencerá para quedarse bebiendo la noche anterior a la competición más importante de su vida y esto provocará que llegue tarde y desconcentrada, por tanto, una relación que no le ha aportado nada bueno.
Por último, la única otra mujer aparte de la protagonista que juega al ajedrez y un personaje totalmente prescindible. En este caso, ella es una principiante, derrotada por Beth en su primer torneo. No existe una relación de amistad aquí sino una admiración que es unilateral.

Sexualización de Menores y Amor Romántico
No podía faltar en la historia la aparición del interés romántico, ese hombre que desde el primer momento en que la ve se muestra amable y siente admiración por nuestra protagonista. A diferencia del resto de hombres, este no va a sentirse amenazado por las dotes femeninas y perderá ante ella con deportividad. Esa es la señal para que sepas que este es el tipo del que hay que enamorarse. Para que él quede aún mejor ante nuestros ojos, los demás por comparación deben ser unos engreídos que la minusvaloran, aunque nunca tanto como para entorpecerla o afectarla. Pero el verdadero problema es que cuando lo conoce ella tiene 15 años y él es evidentemente mucho mayor, aunque no sepamos exactamente cuánto —para hacernos una idea aproximada el actor que lo interpreta tiene 9 años más que la actriz que da vida a Beth—.
La segunda vez que se ven él la lleva a su cuarto, le hace fotos y le acaricia la cara. En este momento ella tiene 17 años y está claro que él pasó hace mucho la mayoría de edad. Impunemente asistimos de nuevo a la romantización de la pedofilia. Se muestra como deseable una relación de poder donde se sexualiza a una adolescente, mostrándola como objeto de deseo de un hombre adulto. Lo único parcialmente rescatable es que nunca llegan a iniciar una relación sino que todo queda como algo platónico.
En lo referente a la sexualización de la protagonista esta va aumentando progresivamente. Comienza con los personajes masculinos elogiando sin parar su aspecto y acabamos teniendo varias escenas de ella en ropa interior en las que el director va a aprovechar para deleitar a la población masculina con primeros planos de su culo en bragas.
Ni hablamos de la primera experiencia sexual, obviamente coitocentrista, en la cual ella se acuesta con un tío universitario en una fiesta. Ambos están colocados, él está encima y ella sólo está esperando a que acabe. Al terminar, ésta le da unas palmaditas en el hombro. Aparte de que es una escena que se podrían ahorrar porque ni siquiera tiene repercusión en la trama o el personaje, resulta inquietante como la ficción es capaz de disfrazar de algo cómico y trivial lo que a efectos prácticos es una violación, ya que se trata de un adulto manteniendo relaciones con una menor y que encima está bajo los efectos de las drogas. Para reafirmar la idea de la violación a este sujeto no le importa un mínimo ni le llama la atención que ella permanezca casi en estado vegetativo salvo para preguntar si le queda mucho, como si el cuerpo de ella fuera un mero receptáculo del que él dispone para su placer.

Follamigos y Padres Ausentes
El primer hombre con quien establece relación es el conserje del orfanato, este se convierte en su maestro, la primera persona que le enseñó el ajedrez y creyó en ella. Las figuras masculinas mayormente representan para ella progreso, crecimiento y amistad/romance, a excepción de los padres, que son figuras ausentes, y esto es lo más cercano a la realidad que podemos encontrar en toda la serie.
Es muy significativo que todos los hombres a los que Beth gana al ajedrez acaban acostándose con ella tarde o temprano, con la única excepción del interés romántico principal que quedará como su amor platónico. Lo interpreto como la forma que tiene el director (o el autor) de reponer la hombría de estos hombres que han perdido ante una mujer intelectualmente. Supone una reconquista de la masculinidad perdida, para ellos es un jaque mate.
Como dije anteriormente, cualquier conflicto que haya tenido Beth con un hombre se resuelve rápido y se convierte en una amistad para toda la vida, que suele venir acompañada de sexo —por lo que el término amistad se desvirtúa bastante—. En cualquier caso, durante el gran último juego, sus antiguos amantes y amigos se unen para ayudarla a ganar analizando en equipo la partida y así poder aconsejarla. Una vez más, llegan los hombres al rescate de la dama en apuros. Afortunadamente, lo que realmente determina su victoria final no es la ayuda de ellos sino su propio ingenio en la estrategia de juego.
Individualismo y Meritocracia
Esta escena en la que los hombres acuden a ayudar supuestamente simboliza —junto con otras escenas y elementos— la caída del capitalismo frente al comunismo, representado a través de la ayuda colectiva. Sin embargo, a pesar de hablar de colectividad, falta que esta unión se produzca entre mujeres para poder hablar de feminismo. Desde un punto de vista feminista, la posición de Beth Harmon es, de hecho, individualista. Como ya han señalado otras mujeres antes que yo sobre esta y otras ficciones, una mujer que asciende en solitario, separada del resto de mujeres, refleja una lucha individual y por tanto despolitizada. No se está hablando de las mujeres como grupo en el mundo del ajedrez, ni de la sororidad, en definitiva, no se está hablando de feminismo.
Del mismo modo, en contradicción con este mensaje anticapitalista, la serie introduce la idea de la meritocracia. ¿Cómo de verosímil puede ser que una mujer sin recursos consiga tener tanto éxito simplemente con su talento y esfuerzo? Bajo este discurso de la meritocracia subyace la idea de que si no te va bien en la vida es porque no te has esforzado lo suficiente, ignorando todo componente social y político.
La conclusión es que la ficción le da protagonismo a una mujer pero la separa del resto de mujeres y la obliga a apegarse a los valores masculinos, a pensar como un hombre. Como dije, los campeonatos femeninos de ajedrez ni se mencionan ya que estos simplemente no cuentan con prestigio social. Para el resto de mujeres se reserva un destino sin importancia o directamente cruel. Al lado de Beth, las demás son un fracaso.
Un dato relevante es que la serie usó el nombre y menospreció la carrera de una ajedrecista real, Nona Gaprindashvili, quien puso una demanda por difamación. Esto arroja luz sobre las auténticas intenciones de los creadores que, sin duda, no tenían nada que ver con dignificar a las mujeres ni a su inteligencia, sino más bien usar a una —o algunas— de ellas para rebajar a las demás, al conjunto de las mujeres.
Referencias
Adrienne Rich, Qué necesita saber una mujer.
Mary Daly, Gin/Ecología: la metaética del Feminismo Radical. Labrys Editorial.



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