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«Anora», ¿crítica a la prostitución?

No tenía intención de ver esta película porque sabía de lo que iba, pero al final me sumergí en el abismo aún sabiendo lo que me esperaba. Y sí que tengo que decir que no es lo que nos cuenta la sinopsis. Esto va a contener spoilers


La cinta inicia con cuerpos de mujeres desnudas, lo más canónicas posible, contoneándose sobre hombres que permanecen vestidos y sentados en el interior de un prostíbulo mientras suena Greatest day de fondo. Una canción cuyo tono crea un contraste muy sórdido con las imágenes que estás viendo en pantalla. Es decir, como cualquier otra película dirigida y escrita por un hombre cualquiera, la cosificación extrema de las mujeres sigue actuando como gancho y usándose con total impunidad. En los primeros cincuenta minutos veremos una horripilante cantidad de mujeres actrices reales con poca o ninguna ropa siendo folladas violadas y bailando de la manera más pornográfica posible mientras la cámara capta cada detalle para deleite masculino. Y a esto lo quieren hacer pasar por arte.



Hasta este momento todo es bastante cliché; una chica guapa (Anora) que “trabaja” en un club donde tiene que complacer a diferentes tipos cada noche, una compañera mala y envidiosa con la que compite constantemente la protagonista y un chico millonario y ruso (Ivan) que se acaba encaprichando de ella hasta el punto de pedirle matrimonio. Sin embargo, la idea del director era darle un giro a su historia y, para ello, se valió de darnos una sinopsis edulcorada que habla del cuento de la Cenicienta y así hacer creer al público que vería la típica historia romántica, como una Pretty woman actual. Porque, sin esa sinopsis, difícilmente creerías que hay algo de amor en la relación que se nos presenta y resulta bastante evidente cómo va a acabar todo. Se ve en el comportamiento de él, que sólo le dice creo que te quiero durante el coito cuando ella le está enseñando a “follar mejor”. En todo momento nuestro joven putero Ivan tiene una actitud más que despreciable  y no nos va a generar ninguna empatía.


La sorpresa, aunque poco sorprendente, que se nos descubre pasados los cincuenta minutos de cinta es que Ivan ha mentido sobre el control que tiene de su propia vida, siendo más bien un niño de mamá y papá que simplemente está “divirtiéndose” con el dinero de su familia y con Anora. No es una sorpresa para la espectadora pero sí para la protagonista, a la que han timado con la idea de un príncipe azul y un final feliz. Este es, sin duda, el único punto rescatable que veo en esta historia, mostrarnos la realidad detrás del mito. Lamentablemente, su mala ejecución y el mensaje general que nos deja hace que esta idea se convierta en un charco en mitad de un desierto. No es que muestren la realidad de la prostitución, ni la realidad de cómo son los puteros, ni siquiera de los hombres. Basta con no creer a los puteros con dinero que quieren casarse a los pocos días de conocerte.



El tema de la prostitución queda totalmente idealizado y normalizado. No hay señales de disociación, drogadicción, depresión, estrés, ni siquiera asco en las mujeres prostituidas que vemos, a pesar de que estos son síntomas comunes en la realidad. Al contrario, se muestran bastante satisfechas e incluso parecen actuar con total libertad. Anora decide no ir al club cuando le parece y hasta se lo comunica alegremente a su proxeneta sin que este oponga mucha resistencia. En otra escena nuestra protagonista llega a preguntarle a Ivan que ha pagado para acostarse con ella si quiere volver a follar para aprovechar el resto de la hora que le quedaba ya que habían terminado pronto, como si ellas estuvieran deseosas por dejar que las violen una y otra vez. Nada de esto puede tampoco sorprendernos teniendo en cuenta que quienes han hecho y participado en esta película hablan de “trabajo sexual” en sus discursos.


Tras esta primera parte, la película empieza a adquirir un tono de comedia dramática que llega a alargarse demasiado y que consigue volver frívolas escenas con mucha violencia, como el hecho de que Anora sea abandonada por Ivan y secuestrada y maniatada por los secuaces de la familia de éste en la casa. Hacia el final se acaba la comedia, Anora se da cuenta de que han jugado con ella todo el tiempo, de que la madre de su marido la considera escoria y que no le queda más opción que firmar el divorcio e irse a su casa. Ninguna de sus desgracias son consecuencia del sistema prostitucional, todo su drama se basa en los sueños rotos. Bien podría ser ésta la versión moderna y rocambolesca del cuento de la lechera. 


Y para ponerle la guinda al pastel, en los últimos minutos de cinta nos van a obsequiar con lo único que nos había faltado en esta historia: el tropo del hombre bueno. Y quién mejor para encarnarlo que uno de los matones el de menor rango el cual había retenido a Anora y forcejeado con ella hasta atarla. A este sujeto nos lo presentan como al único que se preocupó por Anora y que la defiende frente a la familia de Ivan. Y, aunque Anora se resista a él y le recrimine todo lo que le ha hecho, el filme parece querer decirnos que ella no tiene motivos para pensar mal de este hombre y que sólo se muestra agresiva como mecanismo de defensa por todos los engaños que ha venido sufriendo a lo largo de la historia. Esto me lo confirma la última escena en la que ambos están en el coche y ella de pronto se acerca a él y se sube encima dispuesta a tirárselo a lo que por supuesto éste no va a resistirse, él agarra su cara y trata de besarla y, ante esa muestra de afecto, ella se revuelve y le pega, entonces ésta rompe a llorar y él la abraza.



En el aspecto técnico no hay nada muy memorable ni original. Tampoco está mal ejecutada, aunque sí diría que la historia se alarga demasiado para lo que nos está contando. Lo más destacable para mí han sido las actuaciones, de hecho la actriz Mikey Madison ha ganado un óscar por su interpretación como Anora. Y, aún siendo digna del premio, sabiendo ya cómo funciona la academia, sospecho que más que por su talento lo que han premiado son sus escenas de desnudos y bailes eróticos. Sabemos que las actrices jóvenes tienen más posibilidades de “triunfar” cuando se prestan a este tipo de cosas. Lo mismo ocurre con la industria de la música, y el cine no iba a ser menos.


En conclusión, es un filme lleno de misoginia que no tiene nada nuevo que contar. Una vez más tenemos relaciones de rivalidad y odio entre mujeres, la figura de una madre cruel a la que se culpa del comportamiento de su hijo, y la minimización del daño que generan los hombres en general…


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